“Historias de Vida del IPJC”

Carlos Fryda, 22 años de servicio, entre anécdotas y el comienzo de nueva etapa.

            Este año se jubiló Carlos Fryda, uno de los empleados más antiguos y, sin dudas de los más conocidos por todo el personal, debido a su función en uno de los cargos neurálgicos para el funcionamiento institucional, como lo es la Secretaria General.

“El Portal” habló con él y nos contó como fue su paso por el IPJyC. Recordó anécdotas buenas y otras no tan buenas, pero que en definitiva forman parte de la cotidianeidad del trabajo.

Carlos es un tipo sencillo, empático y consiente del lugar que supo tener a cargo por tantos años. Padre de familia, trabajador y pujante en su desarrollo profesional, siempre aconsejando a los más jóvenes la necesidad de continuar los estudios de una carrera de grado como la mejor inversión que puede hacer una persona, más allá de estar trabajando en esta institución.

Un hombre muy dedicado a la crianza y educación de 3 hijos que hoy ya son profesionales y que pudo acompañar más allá de las largas horas de trabajo invertidas en el instituto.

-Carlos ¿En qué año ingresaste al IPJyC?

En agosto del 1997, empecé a trabajar en cómputos, después trabaje en lotería, preparábamos a los agencieros  para el llenado de cupones, éramos como 40, de los cuales quedamos 3. Después estuve 2 años en las máquinas lectoras, que estaban donde era el antiguo Banco Previsión, donde se guardaba el tesoro, ahí se colocaban las dos máquinas para leer los cupones con el sistema de Bolt donde los leíamos durante la noche.

            Después cuando el instituto cambia el sistema al de Ivisa, tratamos de reubicarnos en otro sector, yo pase a trabajar como ayudante de la Secretaria General (2001) con Marcos Masarente como jefe.

            Hice toda la carrera ahí, primero como asistente contratado, cada 6 meses era una lucha, hasta el año 2003 ascendí como encargado de mesa de entradas.

            Después en el 2005 cuando se inauguró la obra del Casino Central y tuvimos una reunión con el Dr. Alonso, donde fuimos a ver la posibilidad de quedarnos efectivos, Chely, el que suscribe y Silvia. Éramos 3 y tardó un poco pero salió, se trabajaba bastante. Teníamos a cargo la inauguración de los anexos y yo empecé a trabajar en todos los papales.

            A todo esto, yo seguía sin estar efectivo, llegó el 2007 ya teníamos funcionando todo en buenas condiciones en el 2007 quede efectivo”

-¿Cómo ha sido tus años dentro del IPJyC?

Para mí ha sido un refugio, y como le digo a los más chicos es una brecha. Se gana muy bien, por arriba o el doble de lo que gana cualquier trabajador público, tenés libertad de horarios, lo que te permite adelante cualquier otra actividad, si estás bien de salud, por supuesto.

            Yo siempre les recomiendo a los chicos más jóvenes que se dediquen a estudiar una carrera de grado, que les va a servir tanto para aumentar su currículo aquí como en su o su vida particular fuera del instituto con una actividad rentada, que les va a servir, sobre todo a las chicas, que ahora trabajan tanto como los hombres.”

-¿Que es lo más agradable que te llevas de estos 22 años de trabajo?

            “Sin dudas, los compañeros de la Secretaria General y las amistades, siempre hemos tratado de lograr tener un buen equipo.

            Con Massarente hacíamos un buen equipo, teníamos aceitado el funcionamiento de la Secretaria, y es lo que hemos tratado de mantener hasta ahora, ayornarse a las leyes y a cada gestión lo que requiere trabajar de forma diferente y ajustarse a ese modo de trabajo.

Básicamente el trabajo no cambia mucho porque es derecho administrativo puro. El trato con el directorio es delicado, hay que tener un grado de reserva muy especial. La información es delicada y no debe entregarse hasta que esté autorizada”

Buenos días, por favor y gracias; el criterio que proponía Fryda a su equipo para funcionar en la oficina. Esta puede considerarse como la regla de oro en el trato y el respeto de cualquier jefe o directivo en cualquier parte o lugar en que nos toque desempeñarnos.

Promover el respeto entre compañeros y generar vínculos de cordialidad eran las bases establecidas en la oficina mientras Fryda cumplía funciones.

“Son el primer símbolo del respeto por el compañero, somos todos empleados. Nunca encontré diferencia entre quien barre y el director de la institución.”

Empatía es la palabra para generar una buena relación entre todas las personas que están en una oficina. Hay que estar pendientes de cada una de las personas, en cuanto a su situación familiar o de contexto. Hay problemas en donde hay que gestionar a niveles superiores, y para eso hay que estar atentos a las necesidades de los compañeros”

¿Cuál ha sido el momento más duro dentro del IPJyC?

“El más duro fue cuando tuve que notificar a la gente en diciembre de 2015 que no renovaban sus contratos.

            Iba a una casa y volvía muy mal. Ir a un lugar donde vos vez las condiciones y te das cuenta que esa persona realmente necesita el trabajo, y decirle que se queda sin trabajo, es muy feo.

            La mayoría de las veces volvía llorando, les explicaba a mis hijos lo que me había pasado para que no se pusieran mal por verme. Cuando falleció mi esposa lo hablaba con ella, al no estar lo charlo con mis hijos.

            Ese día dije, no notifico más. Después el trabajo se impone y hay que seguir”.

-¿Que planificas para tu descanso?

“Yo trabajo desde los 17 años, pase por servicio militar obligatorio, estuve  6 meses sin trabajar porque no se conseguía trabajo en el 75. Sin embargo en el 76 conseguí trabajo el 24 de diciembre, laburaba 12 horas por día hasta que en el 79 que quede sin trabajo.

            Luego puse un instituto en donde di clases de matemática y física y química. Teníamos otros profesores. Trabajaba muchas horas.

            Ahora espero descansar y disfrutar de mis hijos, de mi familia”

Y así entre historias de vida pasaron dos horas en las que Carlos nos hizo parte de su vida dentro del instituto. Cada tanto un compañero que circulaba por el pasillo se acercaba eufóricamente a saludarlo y preguntarle qué estaba siendo de su vida en esta nueva etapa. Él de manera amistosa respondía; “nada ya soy jubilado”.-

 

Nota para “El Portal” realizada por la Lic. Augusto Malvina para la serie “Historia de Vida del IPJC”