Hoy nos toca compartir una noticia que nos duele profundamente: la partida de Adrián Montoya, compañero de trabajo, parte de nuestra vida cotidiana en el Instituto y alguien con quien muchos, construyeron años de convivencia laboral.
Adrián no era solo un nombre. Era una presencia.
Quienes lo conocieron, saben que tenía esa manera tranquila de estar, ese gesto amable que hacía más llevadero el día, esa disposición para ayudar sin hacer ruido.
Era de esas personas que no buscan protagonismo, pero que dejan marca igual. Una marca hecha de respeto, de trabajo honesto y de absoluta humanidad.
Adrián era una persona alta, su presencia no pasaba desapercibida, era ver pasar un tipo bonachón, sonriente, que trasmitía predisposición permanente.
Su ausencia se siente en los pasillos, en las charlas rápidas antes de empezar la jornada, en los asados compartidos, en los momentos simples que construyen comunidad.
Porque al final, eso somos: un grupo de personas que trabaja, sí, pero que también comparte la vida, con todo lo que trae.
Adrián ingreso en Videos, y desde hace muchos años se desempeñaba en le Gerencia de la UTM.
Fue una persona autodidacta, que rápidamente aprendía y no temía a los desafíos. Fue uno de los varios responsables de llevar adelante proyectos ambiciosos, como SAPIA y SGI.
Si bien estuvo mucho tiempo enfermo y lejos nuestro, se recuperó y volvió a estar con nosotros. Por eso, su partida tan rápida, inesperada y absurda, hoy nos deja ese vacío enorme de las cosas importantes cuando ya no están, de esas que no se reemplazan nunca.
El IPJC, Directorio y Empleados, hoy acompaña a su familia y a sus afectos, deseándoles fuerza y contención en este momento tan duro.
Y también nos acompañamos entre nosotros, porque perder a un compañero y amigo, es perder un pedacito de la historia que construimos juntos.
Que el recuerdo de Adrián quede presente en quienes lo conocieron y que su forma de ser nos inspire a seguir trabajando con la misma humildad y compromiso que él mostró siempre.

